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Millones exigen derecho a la propiedad digital de videojuegos

Millones de jugadores han descubierto que lo que compran no siempre es suyo. Al comprar un videojuego digital, normalmente se adquiere una licencia de uso, no la propiedad del archivo. Muchos títulos dependen de servidores externos. Si la empresa apaga esos servidores, el juego puede dejar de funcionar, incluso si tienes el disco o cartucho.

El cierre de servidores afectó a juegos como The Crew y a otros listados por Stop Destroying Games. Ese movimiento reunió más de un millón de firmas para pedir soluciones. Entre las propuestas están permitir modos fuera de línea o dar herramientas para que la comunidad mantenga servidores privados.

El problema es técnico y legal. Técnicamente, muchos juegos requieren autenticación online, descargas continuas y servicios en la nube. Legalmente, los contratos digitales suelen dar poder total a las empresas y pueden incluir cláusulas para terminar el servicio sin alternativa. Además, los videojuegos mezclan código, música con licencia y contenidos de terceros, lo que complica conservarlos.

La preservación recae hoy en la comunidad, que recurre a la emulación —un método para recrear consolas y juegos— pero que tiene riesgos legales. Algunas empresas han ofrecido soluciones parciales, como parches para modo offline o herramientas para servidores comunitarios. En lugares como California se exige informar claramente al comprador que adquiere una licencia. En Europa se estudian normas para proteger al consumidor frente a la desaparición de productos digitales.