La carrera por la memoria: IA y la crisis de RAM global
La memoria RAM se dispara: qué está pasando realmente y por qué te afecta
En las últimas semanas muchos usuarios, empresas y técnicos nos hemos encontrado con una situación poco habitual: la memoria RAM ha subido de precio de forma brusca y, en algunos casos, directamente ha desaparecido del mercado. No hablamos de una subida puntual o de un problema logístico menor. Lo que está ocurriendo es estructural y puede prolongarse durante años.
Aquí sabrás qué está pasando, por qué la inteligencia artificial es el factor clave y cómo va a impactar en ordenadores, móviles y consolas.
La memoria RAM es el componente que utilizan los dispositivos electrónicos para almacenar temporalmente los datos con los que están trabajando en cada momento. Está presente en ordenadores de sobremesa y portátiles, smartphones, consolas como PlayStation, Xbox o Nintendo Switch, y en los servidores y centros de datos que sostienen internet y los servicios digitales.
Sin memoria RAM no se puede fabricar prácticamente ningún dispositivo moderno. Por eso, cualquier alteración en su disponibilidad o en su precio termina afectando a todo el ecosistema tecnológico.
A diferencia de otras subidas de componentes, esta vez el problema no es solo el coste. El verdadero riesgo es que no hay suficiente memoria para cubrir la demanda mundial. La razón es simple y preocupante: solo tres empresas fabrican la memoria RAM avanzada del mundo. Estas empresas son Samsung Electronics, SK Hynix y Micron.
Aunque existan muchas marcas comerciales conocidas por el consumidor, como Corsair, Kingston, G.Skill, Crucial o HyperX, los chips de memoria que llevan en su interior proceden siempre de uno de estos tres fabricantes.
El principal factor que ha provocado esta situación es la explosión de la inteligencia artificial. Hasta ahora, los servicios en la nube tradicionales, como páginas web, plataformas de streaming o aplicaciones móviles, necesitaban muy poca memoria por usuario. Un solo servidor con 8 o 16 GB de RAM podía atender a miles de personas sin problemas.
Con la inteligencia artificial este modelo se rompe por completo. Ejecutar un modelo avanzado requiere entre 100 y 200 GB de memoria solo para estar activo. Además, cada usuario que interactúa con la IA puede necesitar varios gigabytes adicionales de memoria dedicados para mantener procesos y conversaciones en tiempo real. El consumo de memoria y energía es muy superior al de los servicios tradicionales.
Además, la inteligencia artificial no utiliza memoria RAM convencional. Necesita un tipo de memoria especial llamada HBM, siglas de High Bandwidth Memory. Se trata de una memoria extremadamente rápida, compleja de fabricar y mucho más cara.
Mientras que una memoria DDR5 convencional puede mover entre 80 y 100 gigabytes por segundo, la memoria HBM más avanzada puede alcanzar hasta 8 terabytes por segundo, lo que supone una diferencia de hasta ochenta veces más velocidad.
La memoria HBM se fabrica apilando varios chips de memoria unos sobre otros y conectándolos directamente al procesador mediante tecnologías muy avanzadas. El proceso es complejo, requiere maquinaria especializada y genera más beneficio por unidad vendida. Por ese motivo, los fabricantes están priorizando la producción de memoria HBM para inteligencia artificial y reduciendo la fabricación de memoria RAM tradicional para consumo.
Grandes empresas tecnológicas y gobiernos están comprando y reservando enormes cantidades de memoria con años de antelación. Entre ellas se encuentran Nvidia, Microsoft, Meta, Google, Amazon, así como empresas de inteligencia artificial como OpenAI, Anthropic o Perplexity, y también gobiernos que buscan desarrollar sus propias infraestructuras de IA.
Algunos fabricantes de memoria ya han confirmado que toda su producción está vendida hasta los años 2026 o 2027. Incluso se han tomado decisiones drásticas en el mercado de consumo, como el anuncio de Micron de abandonar la marca Crucial para centrarse exclusivamente en memoria destinada a inteligencia artificial.
Ante este escenario, es lógico preguntarse por qué no se fabrican más memorias. La respuesta es que no es tan sencillo. Construir una fábrica de memoria cuesta miles de millones de dólares y requiere varios años de trabajo antes de producir el primer chip. Además, existe el riesgo de que la inteligencia artificial sea una burbuja y que la demanda caiga, lo que dejaría a los fabricantes con una enorme sobreproducción y pérdidas millonarias, algo que ya ocurrió en el pasado.
Por este motivo, los fabricantes prefieren vender menos, a mayor precio y con cautela, antes que asumir el riesgo de ampliar demasiado la producción.
Las consecuencias de esta situación son claras. Durante los próximos años veremos subidas de precios en ordenadores, portátiles y móviles, menor disponibilidad de memoria RAM para ampliaciones o reparaciones, dispositivos más caros y mayores dificultades para montar o actualizar equipos.
No se trata de un problema puntual de unos meses. Todo apunta a que será una situación prolongada en el tiempo.
La memoria RAM no está subiendo de precio por casualidad. Estamos ante un cambio estructural provocado por la inteligencia artificial, con una producción muy concentrada en pocas empresas y una demanda sin precedentes. La inteligencia artificial no avanza más rápido no por falta de ideas, sino porque no hay suficientes chips, memorias ni energía en el mundo para sostener su crecimiento.
Como suele ocurrir en el sector tecnológico, una parte importante de este coste acaba trasladándose al consumidor final. Por eso, en el contexto actual, resulta más importante que nunca informarse bien antes de actualizar, reparar o adquirir nuevos equipos.