Desafíos del Técnico en la Era de la IA
Hace unos días me llegó una de esas cadenas de Instagram que van pasando de contacto en contacto. La propuesta era curiosa: pedirle a ChatGPT una caricatura mía, trabajando, con lo que él supiera de mi.
La mayoría subía fotos bonitas: escritorios ordenados, cafés, portátiles relucientes, frases motivadoras.
Y a mí me salió ésta 😅.
Porque mi día a día no se parece en nada a eso.
Si tuviera que resumir mi trabajo en una imagen, realmente sería sujetando un destornillador con una mano, el móvil sonando en la otra, tres clientes tirando de la camisa y un portátil mostrando un “Error 500 urgente” mientras una furgoneta llena de cables espera fuera.
Y no es una exageración estética. Es bastante literal.
La informática ya no es “arreglar ordenadores”.
Hace 20 años el oficio era más previsible. Entraba un equipo, lo diagnosticabas, lo reparabas y lo entregabas. Ritmo más o menos estable.
Hoy no funciona así.
Hoy todo es urgente.
El problema no es solo técnico. Es de contexto.
Un autónomo no puede facturar si su portátil no arranca. Un comercio no puede cobrar si el TPV falla. Una oficina no puede trabajar si la red se cae. Una web con error 500 pierde ventas cada minuto.
Cuando te llaman, no te llaman “cuando puedas”. Te llaman porque su negocio está parado.
Eso convierte cada aviso en prioridad máxima.
Y cuando todo es prioritario, nada lo es… salvo para quien te está llamando en ese momento.
A este caos diario se le ha sumado algo que casi nadie comenta fuera del sector: el impacto brutal de la inteligencia artificial en el precio del hardware.
Desde que empresas gigantes entrenan modelos de IA a escala masiva, el mercado ha cambiado por completo.
Necesitan miles y miles de GPUs, servidores, SSDs y memoria funcionando las 24 horas.
El resultado es simple: los mismos componentes que antes iban a tiendas, pequeños negocios, técnicos locales y usuarios domésticos ahora se desvían a datacenters. Hay menos stock para el resto, más demanda y los precios se disparan.
Estamos viendo subidas reales del 200%, 400% e incluso 600% en algunos componentes.
Y eso genera un efecto en cadena muy sencillo: reparar cuesta más, sustituir cuesta más y montar equipos nuevos cuesta más.
Pero el cliente no vive el mercado global. Solo ve la factura.
Y ahí es donde te toca explicar lo inexplicable diez veces al día.
Cambiar un SSD es fácil. Configurar una red es fácil. Reinstalar un sistema es fácil.
Lo difícil es todo lo demás.
Mientras estás desmontando un equipo suena el teléfono. Entra
un WhatsApp urgente. Un cliente pide presupuesto. Otro necesita que vayas a domicilio. Te reclaman una factura. El proveedor no tiene stock. Y además tienes que ocuparte del marketing, redes sociales, compras y gestión del negocio.
No hay bloques de trabajo limpios.
Hay interrupciones constantes.
Saltas de hardware a web, de atención al cliente a desplazamientos, de contabilidad a otra urgencia.
El cerebro nunca descansa en una sola tarea y la sensación permanente es la de ir apagando fuegos.
Terminas el día con la impresión de haber trabajado sin parar y aun así quedan cosas pendientes. No por falta de organización, sino porque la demanda real supera el tiempo disponible.
Las grandes tecnológicas hablan de automatización, cloud, inteligencia artificial y futuro digital.
Pero cuando algo falla, nadie llama a una IA.
Llaman a alguien que vaya físicamente, que abra el equipo, que dé la cara y lo deje funcionando.
Ese papel lo seguimos haciendo los técnicos de proximidad.
Somos la última línea entre “todo parado” y “todo vuelve a funcionar”.
Y eso tiene un coste invisible: presión constante. Porque sabes que detrás de cada avería hay alguien esperando poder trabajar.
La única forma de no colapsar es estructurar lo que se pueda, priorizar urgencias reales y planificar mejor las intervenciones.
Por eso cada vez es más importante que las asistencias no dependan solo de llamadas improvisadas.
Para una mejor organización, podéis reservar de manera fácil y cómoda todos los servicios directamente en www.viladrive.com/reserva.
Agendar con antelación permite atender mejor, reducir tiempos de espera y dedicar a cada caso el tiempo que realmente necesita. Porque cuando todo se convierte en “para ya”, el servicio empeora para todos.
La informática nunca había sido tan esencial, pero tampoco tan caótica.
La IA promete un futuro más eficiente, mientras en el presente encarece el hardware y complica el trabajo a quienes mantenemos funcionando la tecnología del día a día.
Y, aun así, cada mañana vuelves a abrir el taller o arrancar el vehículo.
Porque sabes que alguien, en algún sitio, tiene algo que no funciona y no puede esperar.
Y al final, de eso va este oficio.
No de ordenadores.
De personas que necesitan que algo vuelva a funcionar.